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Art 71.  Ruralidad: opción en vez de castigo

ACESH impulsa agroecología, ahorro comunitario, soberanía alimentaria, liderazgo femenino y defensa territorial, demostrando que la ruralidad organizada ofrece futuros deseados y perspectivas dignas frente a amenazas extractivas para comunidades campesinas.
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De campesino a campesino

La Asociación ACESH es una organización de personas convencidas y practicantes de la agroecología, ubicada en el municipio de Concepción de María, en el extremo sur del departamento de Choluteca, Honduras. Nació hace ya varios años, impulsada por un grupo de promotores agroecológicos acompañados por la Iglesia Católica de Choluteca, bajo la guía de Monika Hesse y Roberto Rodríguez. Entre sus fundadores destaca Feliciano Castillo, un campesino incansable que ha dedicado su vida a promover la agricultura sostenible, la defensa del territorio y de la naturaleza, la soberanía alimentaria y la organización comunitaria.“No faltaron amenazas, intimidaciones ni criminalización de la protesta —recuerda Rebeca—, pero en 2018, con apoyo legal de IMDEC, logramos que se cancelara el plan hidroeléctrico.”
ACESH está conformada por personas de origen campesino que, aun desempeñándose como promotoras y promotores dentro de la asociación, nunca han dejado de ser campesinos. La mayoría del equipo son mujeres, muchas de ellas jóvenes. Feliciano recuerda: “Al principio, incluso los varones de la junta directiva cuestionaban que fueran mujeres las promotoras.” Ellas, a su vez, reconocen que no fue fácil transformar las percepciones masculinas sobre la equidad de género. Hoy, la mayoría de los grupos en los 32 caseríos y comunidades que integran la organización tienen rostro de mujer. Aunque los hombres también participan, son las mujeres quienes asumen el liderazgo. Los cambios alcanzados por ACESH —y son muchos— han sido impulsados desde las propias bases, por la gente misma, siguiendo el principio que mejor define su esencia: de campesina y campesino, para campesina y campesino.

De la urgencia al arraigo colectivo

Estamos de visita en la comunidad de Nance Dulce, reunidos con las y los integrantes de la caja rural, formada por personas del lugar. Todo comenzó en 2017 con donaciones de semillas provenientes del Programa Mundial de Alimentos (PMA), recuerdan los miembros del grupo que hoy nos reciben. Lo que originalmente estaba concebido como una iniciativa de ayuda de emergencia, ACESH logró convertirlo en el punto de partida para un proceso comunitario de organización y autoayuda. Zulema López, una de las socias, rememora: “ACESH era el canal para hacer llegar las donaciones del PMA; pero además de facilitar las semillas y alimentos, nos capacitaba en agroecología. Así aprendimos a trabajar la tierra sin químicos, usando abonos orgánicos que elaboramos nosotras mismas.”
Junto con las donaciones, ACESH ayudó a organizar al grupo de vecinas y vecinos en una caja rural, que hoy cuenta con 25 personas participantes, de las cuales 17 son mujeres. Cada integrante aporta mensualmente un ahorro —entre uno y tres dólares en moneda nacional— y el grupo gestiona el abastecimiento local de granos básicos (maíz y frijoles), generando utilidades colectivas. Además de promover el ahorro, la caja fomenta la agricultura orgánica entre sus miembros: elaboran abonos, cultivan semillas criollas y mantienen prácticas agroecológicas. Un grupo de 25 personas —muchas también socias de la caja— produce miel que comercializan en el mercado local. Estos esfuerzos han fortalecido la soberanía alimentaria de las familias y permitido una ligera capitalización del grupo, que ya adquirió un terreno y construyó su propia sede, con un almacén comunitario de granos. Los productos que las familias entregan a la caja se pagan mediante abonos a sus cuentas de ahorro, fortaleciendo la economía local.
Los precios y tasas de interés son preferenciales para las personas socias, lo que motiva a más vecinos a integrarse. Antolino Rodríguez, presidente de la caja, explica: “La condición para que alguien sea parte del grupo es su disposición a practicar una agricultura agroecológica.” Hoy, en los 32 caseríos y comunidades del municipio de Concepción de María, cerca de la frontera con Nicaragua, existen grupos similares. Todos forman parte del tejido organizativo de ACESH, donde la ayuda se transformó en sostenibilidad y la cooperación en esperanza compartida.

Mercados comunitarios y abastecimiento local

Una vez al mes —a veces incluso con mayor frecuencia—, los grupos organizan un mercado comunitario en su comunidad para vender los productos que cultivan. Quienes no han sembrado pueden conseguir alimentos básicos como maíz, frijoles y verduras a precios accesibles, garantizando el abastecimiento local y la solidaridad entre vecinos. Como la producción de las familias se basa en semillas criollas, abonos orgánicos y prácticas sin agroquímicos, la alimentación de toda la comunidad se ha vuelto más saludable y sostenible. El volumen de producción se destina principalmente al autoconsumo y a la venta de excedentes locales, evitando los altos costos de transporte hacia mercados urbanos. Aracely Castillo, habitante del caserío Muñeco e integrante de la caja rural “Fe y Esperanza”, comparte: “Antes del grupo no producíamos mucho y debíamos comprar en Concepción. Ahora tenemos nuestras parcelas y huertas; producimos para el autoconsumo y la venta. Gastamos bastante menos.”
Aunque la mayoría de las familias dispone de pequeños terrenos, los grupos muestran que con organización y aprendizaje colectivo se puede avanzar. Al igual que la caja rural de Nance Dulce, el grupo de Muñeco ha logrado establecer su propio local comunitario, construir silos metálicos para almacenar granos y reunir un fondo de más de 120 mil lempiras (unos 4 mil dólares) para otorgar préstamos solidarios. Las cajas rurales se conocen entre sí, comparten aprendizajes y mantienen un constante intercambio de experiencias. Los espacios de capacitación impulsados por ACESH —sobre manejo de parcelas, huertos, semillas criollas, ahorro y gestión de fondos— se desarrollan siempre de manera horizontal, siguiendo la metodología de campesino a campesino, que valora y fortalece las capacidades locales.

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¿Qué factores consideras decisivos para que un proceso comunitario se mantenga en el tiempo, sostenido y autogestionado? ¿Podrías identificar otros campos donde esta misma estrategia —basada en la participación, el conocimiento compartido y la autonomía— podría aplicarse?

El campo: lugar de cambio, no de huida

ACESH impulsa la participación de jóvenes en los procesos de formación y organización comunitaria. Erson Castillo, representante de la segunda generación dentro de la asociación, resume el desafío con claridad: “El campo, en el imaginario del joven, ha de perder su imagen de castigo.” Aunque cada vez se ven más rostros jóvenes en las reuniones y en el equipo de promotores, sigue siendo una realidad que muchos buscan su futuro migrando a la ciudad o al norte, hacia los Estados Unidos. Para los promotores de ACESH, es fundamental que las familias motiven a sus hijos a involucrarse en los procesos comunitarios. Los espacios creados por la organización fortalecen la reciprocidad, el aprendizaje y el diálogo entre generaciones, mostrando que el campo también puede ser un lugar de oportunidades.

Haber mejorado el bienestar de las familias rurales mediante procesos autogestionados, invita a mirar la ruralidad desde una nueva perspectiva. Ricci Hernández, promotora de ACESH, lo expresa así: “No me llama la atención migrar. Se han abierto oportunidades para jóvenes en estos procesos.” La consolidación de la agricultura ecológica y la diversificación de cultivos han permitido crear valor agregado con productos como jaleas de frutas y miel, demostrando que el campo puede ser sinónimo de futuro y dignidad.

oye...

Frente a la opción de mercados comunitarios y abastecimiento local, muchas personas en zonas urbanas conscientes de la necesidad de una alimentación sana encuentran barreras para acceder a productos saludables: ¿Qué medidas podrían tomar los consumidores urbanos para entablar relaciones de igualdad y colaboración con comunidades rurales agroecológicas?

Cuando la comunidad se vuelve guardiana

Frente a las múltiples amenazas que enfrenta su territorio —entre ellas las semillas transgénicas e híbridas, la minería extractiva en municipios vecinos con intensa actividad aurífera y los efectos de la crisis climática—, la Asociación ACESH ha impulsado una red activa de comités comunitarios de defensa de la naturaleza. Estos espacios funcionan en todos los caseríos y comunidades, promoviendo acciones de vigilancia, educación ambiental y gestión política local. El impacto de su labor de incidencia es notable. Gracias a la organización y persistencia de la comunidad, el gobierno municipal aprobó declaratorias vinculantes que protegen su soberanía territorial y ambiental. Por un lado, se declaró a las semillas criollas como patrimonio del pueblo, garantizando su libre circulación, intercambio, venta y reproducción. Por otro lado, se prohibió la minería dentro de la jurisdicción municipal, junto con una ordenanza que impide la quema, contribuyendo a la conservación del suelo y los bosques.
Ante el riesgo de perder las semillas criollas —ya sea por presiones legales o por desaparición física—, ACESH trabaja en dos frentes complementarios: la defensa jurídica y el rescate agroecológico. Feliciano Castillo, promotor histórico de la organización, lo resume así: “La semilla no tiene que ser siempre uniforme, sino diversa, adaptada a las circunstancias del lugar.” Gracias a este enfoque, se han rescatado variedades de maíz amarillo, maíz negro, plantas aromáticas y medicinales, entre otras especies tradicionales. En cada comunidad, al menos dos personas se encargan de cuidar, reproducir y vender estas semillas locales, conformando una red de bancos comunitarios de semillas, símbolo vivo de autonomía y resistencia campesina.

oye...

Quizás la respuesta esté en la solidaridad de doble vía: quienes producen y quienes consumen reconociéndose como parte de una misma trama de vida.

Cuando enseñar es una forma de sembrar

En los caseríos y comunidades, la gente impulsa sus propias soluciones. No esperan a que las instituciones actúen: organizan jornadas de limpieza, reparan los caminos, habilitan los mercados comunitarios y mantienen un diálogo constante con las autoridades locales. Cuando el río que cruza el caserío de Muñeco se llevó el puente colgante durante una creciente, fue la comunidad —a través de su organización y apalancando apoyos solidarios— quien levantó uno nuevo en menos de medio año, símbolo de su fuerza colectiva.
Johana Espino, integrante del grupo en Muñeco, resume con sencillez lo que significa vivir bien en la ruralidad: “Lo aprendido lo compartimos, regalando nuestros conocimientos a otros.” Así, el campo demuestra que la cooperación y el aprendizaje compartido son la base de su sostenibilidad. En cada acción, en cada intercambio solidario, se reafirma la convicción de ACESH y de su gente: La ruralidad es una opción de vida digna, no un castigo.

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Mensajes al Futuro

1

Una vida digna, con bienestar, calidad de vida y procesos auto-gestionados es posible cuando las comunidades confían en su propia capacidad de transformar el entorno. No se trata de milagros, sino de conciencia, organización y acción colectiva. La ruralidad se revela, entonces, no como atraso, sino como opción de vida, fuente de sentido, de identidad y de equilibrio con la naturaleza.

2

Circuitos endógenos de conocimientos compartidos, de producción y consumo local, de economía solidaria y respeto por los ciclos naturales, son semillas de un nuevo modelo civilizatorio. Cuando los pueblos campesinos se organizan y gestionan sus recursos desde la horizontalidad, demuestran que los mundos diferentes se construyen desde abajo, con raíces profundas y manos que siembran esperanza.

3

Las mujeres, con su liderazgo silencioso pero firme, han sido fuerza y conciencia en este proceso. Al desafiar el machismo, no solo transforman las relaciones familiares y comunitarias, sino que abren caminos para una convivencia más justa, sensible y equitativa.

Este artículo fue escrito por Jorge Krekeler, coordinador del Almanaque del Futuro y facilitador de Misereor, por encargo de Agiamondo, durante una visita a la Asociación de Comités Agroecológicos del Sur de Honduras (ACESH). La travesía incluyó un recorrido por diversos caseríos y comunidades del municipio de Concepción de María, en el sur del departamento de Choluteca, cerca de la frontera con Nicaragua.

El Almanaque del Futuro expresa su profundo agradecimiento a Feliciano y Erson Josué Castillo, Enita Juárez, Heydi Varela, Carolina Torres, Consuelo García, Magda Torrez, Unicer Martínez, Denis Hernández y Nelson Cepeda de ACESH; así como a las socias y socios de la Caja de Ahorro de Nance Dulce, y a Zulema López, Antolino Rodríguez, Laura Mendoza, Lixi Varela, Ricci Hernández y Anastasio Arce.

Un reconocimiento especial al grupo Fe y Esperanza del caserío de Muñeco, en particular a Araceli Castillo, Johana Espino y Rebeca Zepeda, por su amabilidad, tiempo y confianza ante la visita curiosa del Almanaque del Futuro.

Autores:

Diseño:

  • Gabriela Avendaño

Fotografías:

    • ACESH
    • Jorge Krekeler

Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:

  • Asociación de Comités Agroecológicos del Sur de Honduras – ACESH

    • Facebook: ACESH
    • Whatsapp: +504 9864-0247
  •  

Edición:

julio 2026

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Autor:
Jorge Krekeler
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