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Art 64. La lucha por Ñembi Guasu

Esta historia gira en torno a la lucha de los pueblos indígenas de Bolivia por el reconocimiento y la autonomía de sus territorios, en particular la región de Ñembi Guasu, en el Chaco boliviano. Reconocida como territorio autónomo y área protegida en 2019, Ñembi Guasu es una zona de gran valor ecológico, hogar de comunidades indígenas y pueblos no contactados. A pesar de los incendios, la deforestación y la presión política, el pueblo guaraní reivindica su autonomía. Con la Ley de Pausa Ecológica de 2020, defiende su tierra de la destrucción ambiental. Este proceso simboliza la resistencia, la autodeterminación y la esperanza.
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La Marcha Indígena de 1996 en Bolivia marcó un hito en la exigencia por el reconocimiento y la titulación de los territorios indígenas. Uno de los espacios reivindicados en este proceso fue el Ñembi Guasu —nombre guaraní que significa “gran refugio” o “gran escondite”—, ubicado en el corazón del Chaco boliviano. Con la creación de la autonomía indígena de Charagua Iyambae en 2015, se abrió un camino concreto hacia la gestión propia del territorio. En 2019, el Ñembi Guasu fue declarado Área de Conservación e Importancia Ecológica (ACIE), tras su incorporación en el Estatuto Autonómico. Este territorio estratégico conecta diversos ecosistemas y alberga comunidades en aislamiento voluntario. En conjunto con los parques nacionales colindantes, forma parte de una vasta zona de más de siete millones de hectáreas bajo protección, considerada un hotspot de conservación en América del Sur. No obstante, este proceso de reapropiación territorial ha enfrentado múltiples amenazas: incendios devastadores —algunos provocados—, deforestación, asentamientos ilegales y la presión constante de políticas estatales que favorecen la expansión agropecuaria.
Como respuesta a los incendios de 2019, la autonomía indígena promulgó en 2020 la Ley de Pausa Ambiental, un esfuerzo por frenar la degradación del ecosistema y recuperar el equilibrio del territorio. Inspecciones judiciales posteriores confirmaron una serie de violaciones y daños ambientales graves. A ello se suman denuncias sobre proyectos de infraestructura que amenazan la integridad del área. El caso del Ñembi Guasu representa un proceso emblemático —y quizás único— en la región: el pueblo guaraní, desde el ejercicio de su autonomía, retoma la demanda histórica de resguardar esta reserva como un paso esencial en la reconstitución de su territorio ancestral. La aspiración de intangibilidad no solo busca proteger a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, sino también preservar una confluencia de ecosistemas de altísimo valor biológico y cultural. Pese a la falta de voluntad política y la permisividad estatal frente a actividades extractivas, en Ñembi Guasu parece abrirse un camino hacia el futuro. Un futuro guiado por la resistencia, la autodeterminación y la esperanza.

Territorio, memoria y autonomía

En agosto de 1996, varias naciones y pueblos indígenas protagonizaron la Segunda Marcha Indígena en Bolivia, exigiendo al Estado tierra y territorio, acceso a recursos naturales, desarrollo y participación política. El pueblo guaraní, en particular, demandó la titulación de 19 territorios, que en conjunto sumaban más de diez millones de hectáreas. Entre ellos se encontraba el Ñembi Guasu, que en lengua guaraní significa “gran refugio” o “gran escondite”. Tras las negociaciones entre la dirigencia guaraní y el gobierno nacional, se logró la creación del Parque Nacional Kaa-Iya. Sin embargo, la titulación legal del Ñembi Guasu aún no se concretaba. Aun así, este territorio ya había retomado un lugar fundamental en la conciencia colectiva del pueblo guaraní como el gran refugio que debía ser resguardado.
En 2015, con el nacimiento de la Autonomía Indígena Originario Campesina (AIOC) en el municipio de Charagua, se abrió un nuevo capítulo. El Estatuto de la Autonomía declaró al Ñembi Guasu como Área de Conservación e Importancia Ecológica (ACIE), figura que, más allá del tecnicismo, representaba un acto de reapropiación simbólica y política, en el marco del gran objetivo de la nación guaraní —y de los pueblos indígenas de América en general—: la reconstitución territorial.
En 2019, mediante una ley autonómica, la AIOC otorgó protección legal al Ñembi Guasu, con una extensión de 1.207.850 hectáreas. Gracias al reconocimiento constitucional de la autonomía indígena, este territorio pasó nuevamente a manos del pueblo guaraní. O, dicho de otra manera, volvió a casa. Los investigadores y aliados incondicionales del movimiento indígena, Leonardo Tamburini y Marcelo Siles, identifican tres dimensiones fundamentales en el proceso de reapropiación del Ñembi Guasu:

1. La dimensión histórico-cultural, que implica la recuperación del territorio como parte vital de la identidad guaraní.


2. La dimensión sociopolítica, expresada en el ejercicio de la autonomía y la gestión territorial propia.


3. La dimensión ambiental, por la relevancia ecológica del área, con conectividad etnobiológica por ser una zona de transición entre el bosque seco chiquitano, el bosque chaqueño y el Pantanal.

Ñembi Guasu conecta los parques nacionales Kaa-Iya y Otuquis, formando así un mega hotspot de conservación con más de siete millones de hectáreas continuas. Su importancia trasciende fronteras: representa no solo un refugio de biodiversidad, sino también un símbolo del derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas y de la esperanza de un futuro con futuro.

Reconstitución viva

¿Cuáles son, en tu criterio, los aspectos más poderosos de este proceso de reconstitución territorial? ¿Qué lecciones pueden inspirar a otros pueblos en defensa de su vida y su tierra?

Vida, resistencia y amenaza

El Ñembi Guasu alberga una biodiversidad asombrosa: especies como el chancho tropero, el chancho solitario, el oso bandera, el tatú gigante, el jaguar y el ciervo de las pampas encuentran aquí un hábitat seguro. Pero no solo es un refugio para la vida silvestre. También lo es para familias ayoreas en situación de aislamiento voluntario, que se resisten al contacto con la sociedad nacional.
Miguel Ángel Alarcón Bobadilla, de la Iniciativa Amotocodie (Paraguay), estima que más de 100 personas de la parcialidad Totosigobiode —organizadas en grupos de entre 10 y 12 individuos— transitan por esta zona, moviéndose entre los parques nacionales Kaa-Iya y Otuquis. Se trata de territorio tradicional del pueblo Ayoreo desde épocas precoloniales, utilizado históricamente por grupos en aislamiento. Frente al chaqueo intensivo y la pérdida total de cobertura boscosa en el lado paraguayo, la conservación del Ñembi Guasu en territorio boliviano adquiere un valor aún más crítico. Sin embargo, como muchas áreas protegidas y territorios indígenas en Bolivia, Ñembi Guasu enfrenta múltiples amenazas, a pesar del marco legal progresista que lo respalda. Las políticas de distribución de tierras han sido caóticas, descoordinadas y carentes de planificación estratégica. Lo que alguna vez se planteó como un proceso para democratizar el acceso a la tierra ha derivado en lo contrario: una entrega prebendal, desordenada y sin consulta a los gobiernos locales, en zonas ambientalmente sensibles.
Normas que flexibilizaron restricciones para el uso de la tierra —pactadas entre la agroindustria y el gobierno— han contribuido a agravar el problema. A esto se suma un viraje hacia un modelo de desarrollo basado en industrias extractivas (hidrocarburos y minería), la derogación de garantías para el derecho a la consulta previa y la apertura de áreas protegidas a estas actividades. Todo esto ocurre en un contexto de creciente desinstitucionalización de los órganos encargados de administrar los recursos naturales y las áreas protegidas. La deforestación, lejos de ser contenida, se ha convertido en un objetivo estratégico.
Entre 2015 y 2019, solo en la jurisdicción de la AIOC Charagua Iyambae, se emitieron 78 resoluciones de asentamiento para comunidades campesinas, abarcando una superficie de 145.635 hectáreas. En el mismo Ñembi Guasu, instituciones públicas nacionales —de manera negligente y violando la autonomía de la AIOC— reconocieron derechos sobre más del 10% del área, a favor de comunidades, pequeñas y medianas propiedades, e incluso empresas. Todo esto responde a una visión de “desarrollo” impulsada desde el gobierno central, basada en la expansión de la frontera agrícola, la implantación de ganadería extensiva y monocultivos, sin considerar los criterios ecológicos ni los derechos de las autonomías indígenas. Así, no resulta sorprendente que las declaratorias de áreas protegidas hechas por la AIOC, como en el caso de Ñembi Guasu, sean sistemáticamente ignoradas por el Estado central, que actúa bajo una lógica de competencias exclusivas.
El panorama resultante es alarmante. De los tres millones de hectáreas de bosque que existían originalmente, solo quedan 1,2 millones. A esto se suman la apertura de brechas ilegales, incendios inducidos, asentamientos humanos irregulares, chaqueo, extracción de madera, contrabando, narcotráfico y caza furtiva. Cuesta entender cómo esto puede ocurrir en un país que cuenta con una abundancia de normas que protegen el territorio indígena, el medio ambiente, la Madre Tierra, el agua como derecho humano y las áreas protegidas como patrimonio natural. Todas ellas consagradas en la Constitución y en tratados internacionales. Pero lamentablemente, no están cumpliendo con su propósito. Al contrario: muchas veces son utilizadas para justificar lo injustificable. En este contexto, el esfuerzo de la AIOC Charagua Iyambae por reapropiarse de su territorio —y en particular del Ñembi Guasu— resulta no solo loable, sino fundamental. Como afirma Leonardo Tamburini: “Ñembi Guasu es único: desde su doble condición de territorio ancestral y área de importancia ecológica, es central para cumplir con el gran objetivo guaraní de la reconstitución territorial en clave ambiental”.

Bautismo de fuego y justicia desde la autonomía

En diciembre de 2019, la AIOC Charagua Iyambae consolidó los límites del Ñembi Guasu como Área de Conservación e Importancia Ecológica (ACIE). Sin embargo, este hito coincidió con una tragedia ambiental sin precedentes: los incendios forestales arrasaron el territorio, consumiendo cerca del 45% de su cobertura vegetal. Algunas fuentes estiman una mortalidad de entre el 70 y el 90% de los árboles en la zona afectada. Desde entonces, se habla del “bautismo de fuego del Ñembi Guasu”, una expresión que condensa el dolor y la resiliencia frente a la devastación.
Los incendios y una disputa territorial con un municipio vecino impulsaron a la AIOC Charagua Iyambae a declarar, en 2020, una pausa ambiental en las áreas afectadas por el fuego. Pero esta medida fue ignorada sistemáticamente: ni colonos, ni propietarios ganaderos, ni siquiera las instituciones del nivel nacional respetaron la decisión, actuando ilegalmente dentro del territorio protegido.
Ante esta situación crítica, el Tetarembiokua Reta Imborika (TRI) —máxima instancia de gobierno de la AIOC Charagua Iyambae—, en la persona de Ronal Andrés Caraica, interpuso en 2021 una Acción Ambiental Preventiva contra dos entidades clave: el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras (ABT), responsable de autorizar desmontes y quemas controladas. Esta demanda marcó un punto de inflexión, pues logró cohesionar a las seis zonas de la autonomía —unificando a indígenas y otros pobladores— en defensa de su territorio.
Para Leonardo Tamburini, esta acción judicial es sui generis: “…porque el Ñembi Guasu es un área de conservación indígena, un territorio ancestral indígena y está bajo la tuición de una autonomía indígena…”.
El Juzgado Agroambiental aceptó la demanda y, en septiembre de 2021, emitió un fallo histórico: ordenó una pausa ecológica en el Ñembi Guasu, prohibiendo cualquier actividad que vaya en contra de la regeneración, restauración de la fauna y la cobertura vegetal en las zonas afectadas por los incendios. Esta resolución marcó jurisprudencia, al ser la primera vez que se lograba limitar las atribuciones del INRA en la distribución de tierras supuestamente fiscales —atribuciones que vulneraban derechos territoriales y competencias constitucionales de autonomías indígenas y municipales—.

En un intento desesperado por revertir esta victoria, el INRA y la alcaldía del municipio de El Carmen del Rivero Tórrez presentaron una demanda de inconstitucionalidad contra la consolidación del Ñembi Guasu, argumentando supuesta incompetencia de la AIOC Charagua Iyambae. La demanda fue finalmente rechazada, reafirmando la validez de la autonomía indígena y su facultad para resguardar su territorio ancestral.

Cambio de roles

¿Podemos imaginar caminos para facilitar ese necesario cambio de roles? ¿Cómo amplificar sus voces, reconocer sus sistemas, y sostener los vínculos con la tierra más allá del extractivismo?

Ñembi Guasu: el territorio como legado

Alejandro Arambisa, director del Área de Conservación e Importancia Ecológica (ACIE) y parte del cuerpo técnico de la AIOC Charagua Iyambae encargado de la gestión del Ñembi Guasu, resume así el cambio de paradigma que vive el territorio: “Desde que el juzgado declaró la pausa ambiental, nuestros guardaparques se empoderaron. Logramos que los diferentes grupos aceptaran el cambio de roles: ya no es la ABT ni el INRA, sino la Autonomía Indígena la que vela por el cumplimiento del manejo dentro de la reserva. Ya no se otorgan permisos de desmonte, chaqueo, siembra o apertura de brechas”.
Desde 2023, cinco guardaparques realizan patrullajes sistemáticos, monitorean la regeneración ecosistémica y supervisan la implementación del plan de gestión territorial. No ha sido fácil: al inicio, las medidas cautelares dictadas por el juez agroambiental fueron violadas. La presión venía también del otro lado de la frontera: grandes propiedades ganaderas del Paraguay ven en el Ñembi Guasu un corredor estratégico hacia la hidrovía Paraguay–Paraná, con acceso al Atlántico. También existen intereses por parte de algunos municipios y del gobierno regional para consolidar una vía terrestre que atravesaría el corazón del territorio ancestral. Sin embargo, estas amenazas —incendios e intereses extractivistas— terminaron por fortalecer la cohesión. Varias organizaciones de apoyo se articularon en torno a la defensa del Ñembi Guasu, naciendo una plataforma interinstitucional de respaldo a la AIOC Charagua Iyambae. Además, se consolidó una alianza inédita: el pueblo Ayoreo del Paraguay, la organización ayorea boliviana CANOB y la propia AIOC se reconocen mutuamente como guardianes de un territorio común. El Ñembi Guasu empieza a ocupar un lugar central en el discurso político indígena, como símbolo de resistencia y autodeterminación.
En palabras de Alejandro Arambisa: “…en Roboré, las organizaciones indígenas chiquitanas apoyan nuestra lucha…”. La AIOC evalúa la creación de una nueva categoría de área protegida con carácter de intangibilidad, que garantice la decisión soberana de no contacto de los Ayoreos en aislamiento voluntario. Marcelo Siles, conservacionista que ha acompañado el proceso, lo resume con claridad: “…sin autonomía indígena, no existiría el control y monitoreo ambiental del territorio por parte de indígenas”.
En enero de 2025, una nueva audiencia en el Juzgado Agroambiental ratificó la continuidad de la pausa ecológica: se prohíben nuevos asentamientos, desmontes y chaqueos; además, quedan sin efecto las autorizaciones otorgadas previamente. También se ordenó una inspección de campo. El balance de Alejandro Arambisa es alentador: “…de los cerca de 100 asentamientos ilegales —algunos con resolución del INRA—, la mayoría ha abandonado el territorio. Quedan quizás 10. Y de las 40 propiedades ganaderas, muchas ya han empezado a aceptar el plan de manejo definido por la AIOC y la ACIE…” Cuando se le pregunta por qué el pueblo guaraní apuesta por la conservación, Alejandro no duda en responder: “Queremos dejar algo para quienes vienen después de nosotros…”

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Mensajes al Futuro

1

El Ñembi Guasu es emblemático por unir la justicia ambiental con la reconstitución territorial. Desde la autonomía indígena se interpela el derecho mismo del territorio a ser sujeto de conservación y regeneración. Gracias a esta confluencia —entre cosmovisión, derecho y resistencia—, se avanzan pasos firmes hacia la reapropiación legítima del territorio ancestral.

2

“Queremos dejar algo para quienes vienen después de nosotros”, dice Alejandro Arambisa, director de la reserva Ñembi Guasu. El conservacionismo y la regeneración ecosistémica no son moda, sino convicción. Para muchos pueblos originarios, estos valores están enraizados en una cosmovisión donde todo está vinculado. La autonomía indígena ha invertido los roles: ahora es el pueblo quien gestiona, protege y decide. ¿Ha comprendido ya el mundo moderno —y su idea de desarrollo— la profunda sabiduría de estos pueblos que alguna vez fueron llamados “primitivos”?

3

La exigibilidad de derechos demanda largo aliento, y no pocas veces, son las amenazas las que abren paso a alianzas insospechadas. La fragilidad ecológica del Chaco ha sido una fuerza impulsora en el reconocimiento legal de los derechos de la naturaleza, dando lugar a escenarios regenerativos con un enorme potencial transformador.

4

Territorio y reconstitución son sinónimo de identidad y de futuro para quienes lo habitan. ¿Sientes las raíces de tu identidad?, ¿Dónde ubicas tu sentido de pertenencia? ¿Qué lugar tienen estos lazos en tu personalidad y en tu búsqueda de autonomía? Tal vez la defensa de la naturaleza empieza por volver a preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos dejar. ¿Se te ocurren otros aspectos que quieras compartir?
El texto fue elaborado, basado en la lectura de documentación y entrevistas y conversaciones con Leonardo Tamburini de ORE, Organización de Apoyo Legal y Social; Marcelo Siles, biólogo y conservacionista; y con Alejandro Arambisa, director del área de conservación e importancia ecológica del Ñembi Guasu – ACIE, a mediados de marzo de 2025 en Santa Cruz, capital oriental de Bolivia. La visita, previamente coordinada con Leonardo Tamburini, a quien se agradece por haber recibido y acompañado la visita del Almanaque del Futuro, ha sido realizada por Jorge Krekeler (coordinador del Almanaque del Futuro y facilitador de Misereor por encargo de Agiamondo). Por dificultades logísticas (crisis de combustible en el país) fue cancelada la visita al territorio. Se agradece a las personas por su tiempo y apertura ante la curiosidad del Almanaque del Futuro.

Autores:

Diseño:

  • Gabriela Avendaño

Fotografías:

    • ORE – Organización de Apoyo Legal y Social
    • Andrés Unterladstätter

       

Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:

Edición:

octubre 2025

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Autor:
Jorge Krekeler
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