Art 53. Las mujeres campesinas necesitamos valorarnos

Gracias a una renta básica durante 24 meses, Guadalupe Pilapaña y su hijo evitaron vender la finca familiar, diversificaron su producción y fortalecieron su sustento. Además, Guadalupe se involucró en la política local, impulsando una agenda de género y producción regenerativa.
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Ruta de imaginarios

¿Qué sucede cuando personas que buscan una transición hacia modos regenerativos de vida reciben una renta básica durante 24 meses? Guadalupe Pilapaña, compañera agricultura, productora de caña y de apetitosos derivados, nos cuenta su experiencia. A través de la renta básica, Doña Lupita, junto con su hijo Dylan, han podido arrendar la finca de sus padres, quienes son adultxs mayores, evitando que esta sea vendida. Ahora se encargan de que su producción sea cada vez más diversa y nutritiva. La renta básica les ha permitido incluso contemplar comprar esta tierra y ha motivado a Guadalupe a participar en el gobierno local para empujar una agenda de género y producción que revalorice a la mujer.

A propósito de la Renta Básica Universal: la renta básica es un monto de dinero que se entrega de forma periódica y sin condiciones, a todas las personas residentes de una comunidad para garantizar su subsistencia económica. Es decir, la RBU supone ser universal, individual, e incondicional.

La Red de Guardianes de Semillas (RGS) en Ecuador, aceptó la invitación de Misereor, agencia alemana de cooperación al bienestar y transición social, ecológica y económica, para implementar un proyecto piloto de renta básica en el país. La RGS identificó a 60 personas, quienes durante 2 años reciben una renta mensual de 250 dólares, sin condicionamientos en torno al uso de estos recursos.

Una particularidad en el enfoque de este proyecto es que han sido personas guardianes de semillas, quienes propusieron compañerxs de sus entornos locales, quienes han demostrado interés en avanzar hacia una transición regenerativa, de sustentabilidad y del Bien Común.

Guadalupe nos espera en la finca Santo Domingo, en la parroquia de Gualea, ubicada en la bio-región del Chocó Andino, al noroccidente de Quito. Ella forma parte de un grupo diverso de 6 mujeres que exploran procesos regenerativos desde la educación, las artesanías, la panadería, los derechos humanos y la producción de alimentos. Doña Lupita, por su parte, se ha concentrado en potenciar la producción y diversidad de su finca a través de una huerta sintrópica y del trabajo con animales. Pero Lupe no se limita a su proyecto personal, sino que ha buscado a través de un rol en la gestión y representación pública, romper con prejuicios, para que se visualice y valore a la mujer agricultura.

Transversalizar el género

“Hay muchas cosas que hay que cambiar y para que la mujer cambie” explica Guadalupe, quien también participó en el proceso, liderado por la Fundación Imaymana, para incluir la igualdad de género como un eje central en la regeneración del territorio del Chocó Andino. Allí conoció a Nina Duarte, reconocida investigadora de sistemas agroalimentarios, y actualmente su mentora en el marco del proyecto de renta básica. A Lupita, siempre le interesaron los procesos comunitarios y con el colchón financiero de la renta básica le fue posible lanzarse al gobierno local, donde fue elegida a la Junta Parroquial.

Aunque ha cultivado su experticia en la agricultura, se le ha encargado diversidad de temas como la seguridad o la gestión de riesgos; sin embargo Lupita busca siempre reconectar con iniciativas de producción y emprendimientos, con la esperanza de mejorar las condiciones de vida. Ha conseguido apertura a través del enfoque de género. Actualmente se encuentra realizando un diagnóstico de las necesidades de mujeres en su parroquia Gualea. Parecería que las experiencias y formas de vida son muy diversas. “Lo que más marca las aspiraciones de las mujeres campesinas”, observa Guadalupe, “es su cercanía o distancia del centro poblado. Existe además una similitud general; no se valora el trabajo de las mujeres, esto empeora en el campo”.

Con sabor a llanta

De su padre aprendió la agricultura, aun cuando más convencional. Hace 6 años Guadalupe empezó con la destilación de aguardiente de caña de azúcar, uno de los cultivos principales de la finca. “Para destilar y conocer los trucos, se necesita bastante paciencia; he probado mucho, también con licor de mandarina; y tengo al idea de sacar un destilado con color violeta, quizás lograré esta tonificación con añadir lavanda”.

Ahora, acompañada por su equipo de la Junta Parroquial, visita a productorxs de licores y nota que la mayoría son mujeres. «La explicación que se da la gente”, nos dice Lupita “es que son tareas fáciles, suaves”. No se valoran las habilidades técnicas y la experiencia que requiere destilar. “Y no es suave, porque yo lo he hecho y me ha costado. A veces me he quedado hasta la madrugada calculando, viendo que me salga bien, que no me salga ese sabor como quemado, como sabor a llanta, porque te salen un montón de cosas cuando no sabes manejar las temperaturas”. Se trata de un oficio de mucha paciencia y precisión para alcanzar la calidad que merece.

“A diferencia de licores industriales”, resalta Lupita, “acá trabajamos con caña orgánica. Si tú vas al campo, vas a ver que el aguardiente aquí lo hacen del fermento del jugo de caña, en lugar de destilar sus residuos”. Guadalupe explica que por lo general no se suele calcular bien los costos de producción: “No calculamos el costo adecuado: no valoramos el animal que nos va cargando la caña, no valoramos el costo de la leña; entonces decimos a un dólar, está bien, porque no valoramos nuestro trabajo ni los esfuerzos que hacemos dentro del hogar.”

El valor de escribir

Uno de los desafíos principales, donde también juego un rol el machismo, es que “no estamos acostumbrados a planificar”. Tradicionalmente, en el campo, “quien maneja la plata es el hombre. Quien hace alcanzar es la mujer.” Al no existir un diálogo de planificación, entonces el disponer de las labores, qué se hace, cómo y cuándo se hace, está separado de las necesidades y potenciales. “Para esto”, comparte Lupita, “escribir es fundamental: yo pienso que escribir y registrar lo que estamos haciendo nos sirve bastante inclusive para ver cómo hemos estado antes, cómo estamos ahora y cómo queremos estar en un futuro”.

Nuevas generaciones y mayor equidad

“Mientras que haya estructuras patriarcales, no vamos a superar esta situación”, nos explica Guadalupe. Para ella es clave que la mujer en su rol de madre no siga inculcando a sus hijos varones este comportamiento clásico de roles. En el caso de su hijo Dylan, de 25 años, algo distinto está sucediendo. Luego de haber conocido la vida en la capital, Dylan ha regresado donde su madre y de a poco está configurando su proyecto de vida en la finca; lo intergeneracional es viable cuando haya respeto y libertad, ida y vuelta.                  

El enfoque colectivo

En nuestra visita, Lupita nos lleva a conocer su parcela sintrópica. «Se trata de un proyecto de 12 parcelas sintrópicas, en distintos puntos del territorio, donde realizamos una suerte de caravana, visitando a la finca de cada participante, practicando mingas y apoyándonos mutuamente en la implementación de las parcelas”. Estos cultivos, altamente diversos son un claro ejemplo de la visión de planificación del tiempo que tomarán en crecer los cultivos, entre raíces, rastreras, plantas medicinales, árboles frutales y maderables. En vez de surcos se trata de camas anchas con alta densidad y variedad de plantas sembradas, con diferentes estratos: malanga, cúrcuma, piña, nabo, frejol, cítricos y otras. La superficie está protegida con una capa de mulch, rastrojo seco; al borde se encuentran troncos de árboles que ayudan como abono al ser digeridos poco a poco por microorganismos.

La huerta sintrópica no solo ofrece nuevas perspectivas de regeneración, al proponer herramientas concretas para el diseño y planificación de la huerta según su uso. Rompe también con la lógica de deforestación y monocultivos, lamentablemente característicos de la parroquia de Gualea, donde se ve hectáreas enteras, solo de sábila. Guadalupe comenta: “Y luego de sacar la sábila, ¿cómo va a quedar ese terreno? No vemos al futuro lo que nos va a suceder, sino en el momento. Lo que queremos ganar y lo que quiero tener yo, pero no estoy viendo al futuro lo que voy a dejar.”

Ver para creer

Guadalupe prefiere mostrar en la práctica que las cosas funcionan en vez de explicar solo en teoría. Blanca y Ledy son dos mujeres jóvenes, quienes trabajan desde la Junta Parroquial en la atención a las personas de la tercera edad. “Les enseño a las chicas en la parcela sintrópica como funciona una huerta, dándoles ideas de cómo pueden trabajar con las personas interesadas para iniciar pequeñas huertas en el patio de sus casas”. Guadalupe lamenta que en la zona se ha perdido bastante la costumbre de apoyarse mutuamente en mingas. “Muchos conocimientos ancestrales se han perdido, por ejemplo, en cuanto a la fertilidad de del suelo. Hay el reto de trabajar en lo colectivo y, particularmente entre las mujeres”. Ante este panorama se comprende mejor la importancia que tienen los diálogos que han nacido entre quienes participan en el proyecto de la renta básica; se trata de diálogos abiertos para todas las personas interesadas; estos espacios grupales, generados a partir del subsidio o sea la RBU han posibilitado a muchas personas acceso al conocimiento. 

En junio de este año (2024) termina el pago mensual de la renta básica. Guadalupe ya tiene el panorama claro para el tiempo después: “Los ingresos generados a partir de la miel, panela, destilados y cría de chanchos me van a alcanzar para pagar el alquiler y respaldar un préstamo para la compra de la finca o por lo menos de una parte. No me lo hubiera imaginado al principio”, confiesa Lupita. “Quizás nosotros, lo que llegábamos a pensar es como en el pueblo tenemos un piso y esa casita de madera es mía, lo que nosotros decíamos es ponernos ahí un negocio, con mi hijo. Pero ahora, en cambio, ya pensamos más, dijimos, no, veamos cómo negociamos, a que termine este año y vamos a ver cómo hacemos para quedarnos en y con la finca”.

Mensajes al Futuro

1

La renta básica ayuda a dar pasos hacia futuros inesperados pero deseados. Permite darse la oportunidad de soñar, planificarse, y caminar para concretar sueños que, pueda que nazcan de lo individual, pero están nutridos de y apuntan hacia lo colectivo.

2

Desde el yo, afincado en ser mujer, en su identidad cultural, su origen y ancestralidad Guadalupe nos permite acompañar su transición auténtica; dignificándose como persona, revalorizando a las mujeres y su inmenso trabajo en el campo.

3

Con la renta básica, Guadalupe está trayendo su futuro deseado al presente, viviendo cada día más sus sueños y utopías, contribuyendo a mayor equidad e igualdad. Su entusiasmo y alegría son buenos ingredientes para sostener esta transición.  

El texto fue elaborado, basado en una visita y conversaciones in situ con Guadalupe Pilapaña en Gualea / Chocó Andino por Michelle Ruiz, coordinadora del proyecto piloto RBU de la RGS y Jorge Krekeler, coordinador del Almanaque del Futuro (facilitador de Misereor por encargo de Agiamondo) en marzo de 2024. Muchas gracias a Guadalupe por su tiempo y apertura ante nuestra visita. Gracias también a Michelle Ruiz por haber aceptado la co-autoría y por su la complicidad de atrapar los senderos de la motivación.

Autores:

  • Jorge Krekeler / jorge.krekeler@posteo.de
  • Michelle Ruiz michellerzand@gmail.com

Diseño:

  • Gabriela Avendaño.
  • Ida Peñaranda

Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:

Guadalupe Pilapaña – Finca Santo Domingo
nuevasemilla@hotmail.com

En cuanto a información más detallada en torno al proyecto piloto con la renta básica:
https://www.almanaquedelfuturo.com/webinar/renta-basica-y-transiciones/

 

Red de Guardianes de Semillas – RGS
www.redsemillas.org
info@redsemillas.org

 

Edición:

Julio 2024

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Jorge Krekeler
Michelle Ruiz
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