Un valle escondido
A una hora y media en carro, al nororiente de Bogotá y en un escondido valle interandino con una extensión de unas 7.800 Ha, a 2.650 msnm rodeado por páramos, se hallan cerca de 25 casas campesinas distribuidas aleatoriamente. El paisaje es hermoso, tanto que en el pasado algunos visitantes compraron terrenos para construir sus casas de recreo, pero ya no hay lugar para más. Dos pequeños ríos que bajan de las cumbres se unen en un punto central del valle; son las venas que alimentan las parcelas donde pasta ganado lechero de manchas blancas, rojas y negras.
Se distinguen a lo lejos dos construcciones particulares. Una con un techo grande, rojo y semicircular que sin duda es una escuela. Y otra, que al acercarse resultan ser dos unidas; una de ellas la sede de la cooperativa lechera COLEGA y la otra la Quesería HolaAndes que se distinguen por un extenso patio con piso de cemento a donde cada mañana y cada tarde los campesinos llevan la leche fresca de vacas que han sido mejoradas en un proceso continuo de ajustes de razas, así como sus pastizales técnicamente cultivados y exigentes prácticas para garantizar la calidad. Esto les permite a los cooperativistas socios alcanzar producciones entre 18 y 24 litros/vaca/día, con muy altos niveles de calidad.
Un humilde orgullo se percibe en la voz y la mirada de cualquiera de los campesinos, que llegando a entregar la leche recién ordeñada, se reúne con sus vecinos, socios y familiares para degustar un tinto, ese obligatorio cafecito colombiano que se toma bien caliente, acompañado por un corrillo de voces alegres, frente al gran salón de reuniones construido con aportes propios.
En lugar de relevo
José Ignacio Tamayo, gerente de COLEGA desde sus inicios, originalmente periodista de automovilismo y publicista, llegó a la vereda Monquentiva hace unos 38 años, acompañando a un amigo que apasionado por la pesca, descubrió este paradisiaco lugar. Hacerlo implicaba en esa época un viaje azaroso a través de una estrecha carretera que cruza el páramo de Guasca. Allí en Monquentiva encontró motivos más que suficientes para lanzarse a comprar un pequeño terreno y poco a poco construir una vivienda para él y su esposa, en función de los años porvenir. Sin embargo más allá de simplemente gozar del paisaje y la compañía de sus vecinos campesinos, José Ignacio inició un fructífero diálogo consigo mismo, con su familia y sus vecinos de Monquentiva, que lo llevó a percibir un futuro promisorio si lograba la unión para vender a mejor precio la poca leche que les permitía sobrellevar en esa época una economía elemental.
Las relaciones de José Ignacio le permitieron llegar a COLANTA, una enorme cooperativa lechera de alcance nacional, que compra la leche bajo estrictos compromisos de calidad y cumplimiento. Así se inició un proceso de formación cooperativa y aprendizajes técnicos que se extendió entre los campesinos de Monquentiva, hasta constituir formalmente hace 24 años la cooperativa COLEGA. De paso logró promover la formación de cooperativas en varias veredas vecinas, llegando a unirse en la Asociación de Cooperativas Lecheras de Guatavita ASOLEGA, organización solidaria de segundo nivel que representa cerca de 600 pequeños productores, con implicaciones regionales y nacionales en lo económico, político y ambiental.
José Ignacio Tamayo junto con Elías Romero son parte de la generación de 24 pioneros, que con el transcurso de los años y gracias al proceso cooperativo, han promovido bajo el tierno nombre de COLEGUITAS la formación de las nuevas generaciones que se familiarizan con la filosofía del cooperativismo: asociatividad, reciprocidad, solidaridad, identidad y territorio. Así se han sumado los hijos y también los nietos.
A la pregunta de cuándo se dará el relevo generacional, José Ignacio explica: “Prefiero hablar de integración”. En ese comentario se refleja uno de los lemas en COLEGA: trabajar en la preparación de nuevos liderazgos lideres entre la gente joven de la cooperativa. De hecho, se ven bastantes hombres y mujeres jóvenes, familias con sus pequeños, entregando la leche, niñas en diferentes trabajos de la cooperativa, o jugando con sus muñecas en los corredores de COLEGA. Al hablar con ellos nos enteramos que algunos han vivido en la ciudad, trabajando o estudiando, otros estudiaron carreras universitarias a distancia; pero casi todos han regresado al campo o simplemente se quedaron en su vereda, y no por falta de oportunidad para irse, sino por el inculcado amor por su terruño y su empresa cooperativa.
Crecer a medida
Desde entonces la fabricación de queso Gouda holaAndés marcha viento en popa con presentaciones al natural o con especias como mostaza, pimienta, tomillo o trufa, bajo el mismo lema: calidad antes que cantidad.
El queso Gouda producido delicadamente, madura en una cava natural en la planta de la cooperativa en Monquentiva y goza de una clientela selecta en Bogotá, entre restaurantes gourmet, tiendas de delikatessen y clientes particulares. Ángela Díaz y Laura Paola Peña pertenecientes a la generación joven de COLEGA trabajan en la quesería. Laura Paola, profesional en salud ocupacional señala con una gran sonrisa en su rostro: “Me encanta mi trabajo en la quesería”. Ángela, zoo-técnista complementa: “Difícilmente encontraría un trabajo parecido en la ciudad”. Y como ellas hay ya varios profesionales que no piensan migrar a la ciudad, “porque en el campo y nuestra cooperativa esta nuestro futuro”
Bienestar rural
Mensajes al Futuro
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En Monquentiva se logró algo hermoso, sembrar futuro en el campo. Varias generaciones bajo el mismo techo asociativo y donde la gente joven opta por su proyecto de vida en el campo y no por falta de oportunidades fuera.
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Como una lección aprendida se puede sintetizar que, en vez de aceptar la carrera del crecimiento perpetuo, la experiencia de COLEGA demuestra que existen senderos alternos, más armoniosos con enorme potencial de futuro, en particular para las generaciones jóvenes.
El texto fue elaborado, basado en conversaciones durante la visita en Monquentiva, municipio Guatavita en Colombia, a finales de octubre 2023 por Mauricio Gnecco, cómplice convencido del Almanaque del Futuro y gestor del Campus Universitas y Jorge Krekeler (coordinador del Almanaque del Futuro – facilitador de Misereor por encargo de Agiamondo). Va un profundo agradecimiento a Elías Romero, presidente y José Ignacio Tamayo, gerente de la Cooperativa de Lecheros de Guatavita COLEGA y a todas las personas y familias integrantes de la cooperativa, por su tiempo y apertura ante la curiosidad de la visita del Almanaque del Futuro.
Autores:
- Jorge Krekeler / jorge.krekeler@posteo.de
- Mauricio Gnecco y Jorge Krekeler jorge.krekeler@posteo.de
Diseño:
- Gabriela Avendaño.
- Ida Peñaranda
Fotografías:
Mauricio Gnecco
Jorge Krekeler
Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:
José Ignacio Tamayo y Elías Romero
Gerencia y Presidencia de COLEGA
Facebook: ColegaMonquentiva
HolaAndes
Quesería Artesanal Monquentiva
Instagram: quesería_holandes




