Art 48. ¿Qué estamos llamados a ser?

Lorena y Felipe eligieron dejar atrás la vida convencional para construir un camino fiel a su esencia. En plena armonía con el entorno alpaquero, forjaron una vida familiar basada en la permacultura. Vivir de forma creativa y en profunda conexión con la naturaleza es posible y deseable.
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De la Lore y del Feli, de estos dos personajes, con sus hijos Sara y Juan trata esta experiencia motivadora que gira en torno al reto que todos conocemos en nuestras vidas, en la búsqueda de la respuesta al ¿qué estamos llamados a ser? Luego de un brevísimo intermedio en la vida convencional, Lorena y Felipe optaron por apuestas más que gratificantes: construir una experiencia asociativa en plena horizontalidad, circunscrita a paisajes alpaqueros en sintonía con artesanía digna y la opción de vida familiar permacultural, abrazada por el bosque.

Una apuesta gratificante

De visita en el Abrazo del Bosque, la granja familiar de Lorena Pérez y Felipe Segovia con sus hijos Sara y Juan, situada en las faldas del volcán Tzanzaragagán (Cushni Rumi), junto al Bosque Protector Piganta y muy dentro de las lagunas de Mojanda en la parte alta de Valle del Río Guayllabamba, en la parroquia de Atahualpa (Habaspamba), a dos horas y media en carro de Quito / Ecuador, se percibe la plenitud de vida y el equilibrio que transmite la familia viviente. Indagando las razones de esta apuesta palpable, Felipe explica un poco el sendero de su vida. “Terminando la universidad, aguanté seis meses de agrónomo, vendiendo agroquímicos para darme cuenta que esto no puede ser el derrotero de mi vida”. Con Lorena, quien fue partícipe del primer PDC (curso certificado de diseño Permacultural) en Ecuador, incursionada al senderismo y montañismo, trabajando como guía naturalista, aceptaron la invitación del Padre Julio Gortaire, SJ, un tío de Felipe para convivir con comunidades indígenas en la región andina de Guamote. La pareja coincide en su lectura que esta fase de su vida ha sido decisiva de dar respuesta a la pregunta de que estén llamados a ser.

Paisajes Alpaqueros

“La vida de las mujeres de la comunidad de Culebrillas en la provincia de Bolívar ha cambiado desde que hilan la fibra del alpaca; de esto viven”, comparte Lorena con una mirada llena de ternura y satisfacción en su rostro. Alpacas habitaban originalmente, junto con cuyes y perros los valles interandinos. Con la llegada violenta de los españoles, que trajeron ovejas y bovinos, los camélidos y entre ellos las alpacas fueron enclaustradas en los páramos, donde finalmente sufrieron su éxodo, reemplazadas por ganado bovino, ovino y caballar. Felipe que durante su estadía en Guamote incursionó en el desarrollo de planes de manejo de territorios indígena-andinos, rescató formas ancestrales de aprovechamiento armonioso de los Andes. Junto con Lorena empezaron a interesarse por las paqochas y llamingos, como son llamados con ternura alpacas y llamas en los andes ecuatorianos.

En el marco de planes de sostenibilidad territorial, según FAO en 2005 se logró cuantificar unas cinco mil alpacas en Ecuador. En el año 2013, el Ministerio de Agricultura del Ecuador importó 200 alpacas desde Ayaviri-Perú para conformar núcleos genéticos en las regiones de Cañar, Chimborazo y Cotopaxi. “Ha sido un enorme desafío de unirnos nuevamente a este animal”, recuerda Felipe, “ya que el reto era involucrar a las comunidades campesinas y rescatar el arte de hilar la fibra de alpaca”. Lorena añade otro reto: “Hacia falta unir la crianza de alpacas con la artesanía, valorando más la fibra para su aprovechamiento”. La alpaca tiene almohadillas plantares que le hacen pisar muy suave sin causar daño al suelo del páramo y de esta manera se evita la erosión, además ramonea sin depredar la capa de vegetación y produce continuamente con sus heces un abono riquísimo en nitrógeno. Pero estas cualidades centraron el interés de muchas personas en el valor de estos animales en términos de paisajismo, manejo y sostenibilidad del territorio; faltaba evidenciar el potencial de la alpaca para permitir el beneficio y sustento de las familias campesinas de estas regiones andinas. Lorena lo resume: “Tenia que lograrse que las comunidades del lugar se benefician; y esto ante la pérdida de nuestra cultura alpaquera ya que la oveja ha sido introducida por la colonia y redescubrir después de 5 siglos la convivencia y el usufructo con la alpaca es todo un reto”.

Paqocha

Mirando al retrovisor del tiempo, Paqocha ha sido una hazaña gratificante y transformadora; escucharemos la reflexión de Lorena al respecto: “Empezamos con una utopía”, recuerda ella con una sonrisa cómplice; “cada mujer tiene su estilo y su arte de hilar. Al principio no ha sido tan fácil, despertar nuevamente el interés en hilar la fibra y por tejer a mano. Pero en Paqocha lo logramos juntos”. En Perú, con más de cuatro millones de alpacas, las tendencias en curso son preocupantes: la fibra natural pierde terreno al hilo acrílico y el tejido a mano es amenazado por telares mecanizados. Alertas que Paqocha ha tenido muy en cuenta para el proceso de renacimiento de la cultura alpaquera. Continua recordar Lorena: “Finalmente, logramos conformar una red con más de cien mujeres indígena-campesinas que se animaron hilar la fibra y a tejer. Claro que ha sido un proceso un poco culebrero, identificamos una norma para clasificación de la fibra en Perú (NTP 231:300), la cual fue trasladada al Ecuador a la norma INEN 2852. Esta clasificación la llamamos micronaje», recuerda Felipe y añade Lorena: “Paqocha permitió plasmar esta utopía, que seguimos compartiendo con las mujeres y sus familias en torno a las paqochas y la artesanía rescatada”.

Lorena y Felipe siguen dinamizando esta red de trabajo en función de la cadena de valor de la fibra de alpaca en el Ecuador. Han organizado cursos de manejo de alpacas y páramos, tintura natural, afieltrado, y tejido durante estos 18 años. Se han logrando resultados alentadores a nivel de comunidades alpaqueras, lindos colores naturales con eucalipto, nogal y cochinilla. “Paqocha, nacido en 2005 es como una galería de arte identitario, donde el centro no es el lucro”, explica Lorena. Una bufanda, de primera calidad de fibra e hilo, hilada y tejida a mano logra gracias a Paqocha un precio de venta de cuarenta dólares en vez de ocho que era el precio de una bufanda de menor calidad de fibra, hilo y diseño años atrás.

Las personas integrantes de Paqocha se sienten empoderadas y supieron evitar su desnaturalización: Paqocha sigue siendo una apuesta válida y es un espacio reciproco de cooperación y de beneficios compartidos. La p(l)andemia, en vez de frenar, ayudó más bien a organizar y dinamizar todo en Paqocha, especialmente la logística dinámica entre productores de alpaca, hiladoras, tejedoras. Son más de cien mujeres y sus familias que encuentran gracias a Paqocha su sustento de vida, abarcando desde la cría de alpacas en páramos, procesamiento de la fibra, hilado y hasta el tejido a mano. En toda la cadena, la asociación guardó autonomía, evitando la intermediación por terceros.

El Abrazo del Bosque

En búsqueda de lo esencial, en una vida más sencilla, en el 2018 vinieron Lorena y Felipe con sus hijos Sara y Juan a la parroquia de Atahualpa y decidieron comprar un terreno de 10 ha para realizar su proyecto de vida que es su granja familiar y la bautizaron “El Abrazo del Bosque”. Parte de la superficie de la granja colinda con las últimas manchas de bosque nativo del bosque protector Piganta de más de mil hectáreas. La familia interviene en 3 hectáreas de su propiedad y procura una regeneración de la vegetación original en las áreas de su propiedad que conecta con el corredor de flora y fauna silvestre. Felipe explica un poco la filosofía permacultural de la granja. “La vida nace en el suelo. Los primeros años necesitas invertir bastante tiempo, trabajo y hasta inversiones como en nuestro caso para el drenaje. Pero una vez haber logrado establecer un bosque comestible y los huertos diversificados, la cría de los animales, el esfuerzo mayor más adelante es el mantenimiento. Puedes vivir tu vejez con calidad y tranquilidad en la granja”.

Felipe, además de la granja sigue dedicándose a consultorías de planes de sostenibilidad; Lorena se dedica a full a la granja, con sus múltiples facetas. Sara tiene trece años y atiende las gallinas y Juan los patos y otros animales menores. Rubén, un vecino ayuda medias jornadas en la granja. Casi de forma permanente se cuenta también con la ayuda de voluntarios que vienen del exterior; son con frecuencia jóvenes parejas que vienen para un mes o seis semanas, trabajando medio tiempo, recibiendo alojamiento y alimentación. Lorena junto con Sara, coordinan el tema de los voluntarios. “Es una ayuda enorme que nos brinda el voluntariado, que significa un ahorro económico de 80 dólares diarios al bolsillo de la granja”, explica Lorena.

Resonancia regenerativa

El Abrazo del Bosque más que cantidad produce variedad, entre miel de bosque y trucha, yogurt griego, huevos y leche, mermelada y lechugas, fruta de temporada, queso, entre otras. Las galletas lo hacen Sara y Juan. Con los vecinos, luego de una primera fase de observancia de los nuevos, Lore y Feli lograron entrar en onda con la gente. Un taller sobre sueños y suelos dio inicio a un grupo donde participan 12 familias y que se ha constituido en la asociación de productores agroecológicos Habaspamba- ASOPAH-. Doña Rosa siente mucho agradecimiento al grupo ya que logró inspirarse por la agroecología. “El grupo se ha convertido en mi familia”. Danilo y Lili, retornaron luego de muchos años de haber trabajado en España y tenían en mente dedicarse a la floricultura con coctel químico a full. Gracias al grupo, hoy son unos radicales de la agroecología. Varias de las granjas vecinas, siguiendo el ejemplo del Abrazo del Bosque, han diversificado, reduciendo el número de las cabezas de ganado, introduciéndose a la horticultura. La venta de los productos se da en el mercado del pueblo local y, por invitación a ferias y tiendas ecológicas en Quito.

La Junta Parroquial como gobierno local mostró interés en apoyar el enfoque regenerativo de las granjas familiares del grupo. También apoyó la creación del área de conservación y uso sostenible Mojanda Cambuyan, abreviado ACUS que abarca 27.000 hectáreas y busca la protección y regeneración del bosque primario de neblina. Feli y Lore participan activamente en la mesa técnica territorial y en el comité de gestión del ACUS Mojanda-Cambugán.

La resonancia regenerativa en el umbral local del Abrazo del Bosque es palpable. Rubén, que colabora permanente en la granja, cazaba a menudo aves para prepararle a su hijo una sopa. A la Lore se le ocurrió proponerle a Rubén un trato: cuando hay día de sopa, Rubén se lleva una trucha del estanque de la granja y con esto se salvan unas cuantas aves. Y con una foto que sacó Felipe de una ranita para colocarla en una publicación en línea del Abrazo del Bosque, se descubrió que es la rana de cristal (Centrolene buckleyi), que se no se le habia avistado en 39 años en el Ecuador ha retornado, viviendo en el Abrazo del Bosque.

Mensajes al Futuro

1

De la respuesta de cada unx de nosotrxs a la pregunta de ¿qué estamos llamados a ser? dependerá más que nunca la probabilidad que el futuro tenga nuevamente futuro. Ante la actual tendencia en curso del antropoceno, esta disyuntiva no pudiera ser más oportuna.

2

Hacer economía, basada en elementos de horizontalidad, reciprocidad, armonía hombre – naturaleza, sostenibilidad y dignidad nos muestra la necesidad de una reingeniería completa del ADN economicista…porque sin esto todo lo que genere algo de futuro con futuro, será tildado una y otra vez por el gremio de la economía convencional con this is not economy.

3

Testimonios de vida como los que nos regalan Lorena y Felipe, pueden ser fuente de inspiración y muestra fiel de que si otro mundo es posible con tal que empecemos, cada quien desde su vida, construir esta realidad promisoria desde lo pequeño y desde la cotidianidad. La sinergia y la empatía ayudarán a agrandar esta levadura para la transformación del modelo civilizatorio.

El texto fue elaborado, basado en conversaciones en la granja Abrazo del Bosque, situada en la parroquia de Atahualpa en el Valle Alto del Río Guayllabamba, por Jorge Krekeler (coordinador del Almanaque del Futuro – facilitador de Misereor por encargo de Agiamondo), acompañado por Javier Carrera, coordinador social de la Red de Guardianes de Semillas, junto con Gael, su hijo. Va un profundo agradecimiento a Lorena Pérez y Felipe Segovia con Sara y Juan por la amable acogida y el tiempo que dedicaron a la curiosidad de la visita del Almanaque del Futuro.

Autores:

  • Jorge Krekeler | jorge.krekeler@posteo.de

Diseño:

  • Gabriela Avendaño
  • Ida Peñaranda

Fotografías:

  • Felipe Segovia
  • Lorena Pérez 
  • Jorge Krekeler

Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:

Edición:

agosto 2023

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Jorge Krekeler
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