Art 47. Crianza mutua

En Catachilla y Rancho Nuevo (Cochabamba, Bolivia), familias enfrentan el estrés hídrico con huertos agroecoforestales. La colectividad recupera bienes comunes y cultura alimentaria, transformando un proyecto externo en un proceso autónomo y comunitario de resiliencia y autoorganización.
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En Catachilla y Rancho Nuevo, dos comunidades del municipio de Santivañez, Cochabamba – Bolivia, un grupo de personas por medio de sus huertos agroecoforestales familiares logra adaptarse a la crisis climática y, particularmente al estrés hídrico extremo. Como colectividad marca una ruta de crianza mutua, basado en el “aprender enseñando y enseñar aprendiendo”; recuperando desde su relación socio-ambiental bienes comunes como agua, suelo, biodiversidad y semilla, además de cultura alimentaria. Todo empieza como iniciativa, inducida desde diferentes proyectos, logrando paulatinamente una emancipación plena de estas apoyaturas externas. El grupo se constituye como “Productorxs agroecológicos Ecohuertos” y “Feria Agroecológica Eco-Huertos” y, quizás lo más importante, se han apoderado de su proceso. Este traspaso del protagonismo, del proyecto al proceso auto-determinado y autónomo del tejido comunitario es un derrotero tan común que se busca alcanzar en muchos proyectos pero pocas veces alcanzado por los mismos. A la pregunta: ¿por qué se logró entonces lo que es tan difícil que suceda? Por lo general, no hay la posibilidad para adaptar el proyecto a realidades cambiantes y cambiadas, terminando el proyecto de esta manera en intento fallido de acomodar la realidad a la lógica del proyecto…parece que aquí sucedió lo contrario.

Entre multiresidencia y terruño

Don Javier Soto, integrante del grupo Eco-Huertos, mientras muestra con orgullo su huerto recuerda: “Tengo este terreno aquí en Catachilla luego tengo una tierrita en el Chapare, en el trópico cochabambino y otra en Buenavista, en el oriente. Pero desde que he empezado con mi huerto agroecológico acá en Catachilla, el tiempo ya no me da para ausentarme mucho. Los cultivos demandan cuidado casi a diario y la gente ya me busca para comprar mis productos”.

Varias de las personas, de las cuales la mayoría son mujeres, conforman al grupo de Eco-Huertos, quiénes debido a las sequias prolongadas, con pérdida del 80 por ciento de las cosechas, migraron en su momento a la ciudad y muchas personas vivieron años como refugiados económicos en España. Tienen en común de percibir la vida en el campo como algo apreciable, más allá de los desafíos; razón por la cual han retornado. Comparte Doña Lidce Vidal: “Vivimos como familia en la ciudad pero ya con los hijos pequeños decidimos retornar porque encontramos más calidad de vida aquí”. El tema de cultivar no ha dejado de ser complejo: la necesidad de cosechar agua y colectar la lluvia, transitar hacia un riego por goteo, cultivar en huerto en escala más pequeña y utilizando malla semisombra, diversificar las variedades del huerto, rescatar semillas nativas con mayor resistencia a las sequias, asimilar formas y técnicas de producir y aplicar abonos, fertilizantes e insecticidas orgánicos y naturales para mencionar algunos de los temas.

Roger Maldonado junto con Tania Ricaldi desde el Centro de Estudios Superiores Universitarios – CESU de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba acompañan el proceso: “Este proceso si empezó con proyectos con la universidad pero desde hace ratos va por cuenta propia, piloteado plenamente por lxs integrantes de Eco-Huertos”.

Al principio la parcela

El proceso tiene sus principios en 2015, con un proyecto del CESU, con financiamiento de la Cooperación Suiza (COSUDE) buscando un apoyo a las capacidades agroecosistémicas para aumentar la resiliencia, tanto en el municipio de Santivañez como en otras zonas del departamento de Cochabamba. El diseño original del proyecto preveía como escala de intervención parcelas enteras. Dada la situación de emergencia climática con sequias prolongadas, agotamiento de los acuíferos y otros eventos climáticos como heladas y granizadas, provocando la migración masiva del campo a la ciudad y hasta el exterior no permitió arrancar desde la hipótesis del proyecto inicial. Bajo la coordinación o dirección del CESU y a la cabeza Tania Ricaldi se logró torcer el brazo a la administración de la universidad para negociar con los auspiciadores una modificación del enfoque del proyecto y las acciones de apoyo a las familias productoras. La migración del enfoque de la parcela al huerto mejorado, con semisombra, riego por goteo y cercado por malla para evitar que los animales domésticos invadan a los cultivos del huerto, conllevaba la necesidad de un rediseño de las acciones, los procesos de investigación y el presupuesto, previendo la capacidad de invertir en estos rubros. Preguntando a Tania Ricaldi sobre los diferentes momentos y formas de readecuaciones: “Desde el inicio hasta las fecha creo que se ha logrado acomodar las diferentes acciones y estrategias de investigación y acompañamiento a las familias con una flexibilidad pocas veces vista a los desafíos cambiantes; de parcelas a huertos, incorporando la colecta de agua de lluvia y el riego por goteo, como iniciativa de la gente el rescate de semillas nativas más resilientes, la organización mensual de la feria agroecológica en Catachilla, como otro de los aciertos de las familias participantes; la Casa de Semillas Muju Wasi ha sido otra iniciativa del grupo. Como última gran adaptación hemos introducido el componente forestal y de árboles frutales, por sus beneficios en cuanto a microclima, producción de follaje para el mulch, su contribución a la economía familiar y la diversidad alimentaria, para mencionar algunos de los tantos beneficios que tiene este enfoque”.

Tania ante la pregunta de cómo ha sido posible acomodar los marcos lógicos, las matrices de metas e indicadores y las rutas de efectos e impactos, por lo general camisas de fuerza de los proyectos, con una sonrisa cómplice explica que en su lectura la adaptación permanente resultó más fácil debido al compromiso y decisión de las familias, a la apertura del equipo de investigación y el vaivén de diferentes grupos y entidades auspiciadores; el Grupo de Trabajo Cambio Climático y Justicia, apoyado por Misereor en el equipamiento del Muju Wasi, la Universidad de Córdoba / España y apoyo de la Cooperación Italiana (CEVI) para tanques de cosecha de agua de lluvia, etcétera; la lista de aliados quienes han apoyado en diferentes momentos es larga: bajo el liderazgo del CESU de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) y el financiamiento de COSUDE, han sido parte del proyecto la Universidad Católica Boliviana (UCB) de Cochabamba, la Fundación Alerta Verde, Fundación Abril y Fundación Agrecol Andes, entre otras. Actualmente hay un apoyo puntual desde la Facultad de Ciencias y Tecnología a través de la Unidad de Transferencia de Tecnología, para diseñar silos sencillos que ayuden a disminuir la merma de las cosechas guardadas y diseño de invernaderos para enfrentar las agresivas heladas de los últimos años, que han afectado los cultivos. Concluye su breve análisis con un paréntesis: “Este proceso, desde hace rato obedece a la dinámica de la gente, más allá de cualquier proyecto pasajero”.

Del proyecto al proceso

En un conversatorio con las personas, quienes integran el grupo de Eco-Huertos que es el núcleo principal de quienes han participado desde sus inicios en los diferentes proyectos, al visitante le queda claro al poco tiempo la gratitud que las personas sienten hacia el CESU; pero en la misma intensidad se percibe que quienes conducen en la actualidad el proceso son los integrantes de Eco-Huertos.

Indagando del por qué, por lo visto aquí ha sucedido lo que en tantos textos de proyectos se puede leer como uno de sus objetivos cuando muy pocas veces es alcanzado, esta transferencia del protagonismo pleno al tejido socio-territorial. La respuesta se encuentra quizás en buena parte en el enfoque conceptual de la crianza mutua y la metodología participativa, bases del proceso desde sus inicios y donde se enseña aprendiendo y se aprende enseñando. En la práctica, esto significa empezar, probar, readecuar, intercambiar y todo comprenderlo como ruta de autoaprendizaje. De esta manera, los logros y avances son percibidos ante todo como fruto de los esfuerzos propios y del grupo antes que un logro atribuido a intervenciones ajenas. La pronunciada autodeterminación de las personas participantes, que se ha visto incrementándose a lo largo del proceso, respalda esta apreciación.

La lista de estos hitos auto-determinados dentro del proceso es larga: el rescate de semilla nativa y el Muju Wasi, la conformación de la asociación Eco-Huertos y el establecer la feria agroecológica local, la participación y habilitación de lxs huerterxs en el sistema participativo de garantía ‘Mi Llajta’, entre otras.

De refugio hasta encuentro entre generaciones

Doña Miguelina dice “el huerto es mi refugio ante las adversidades de la vida, alimentando cuerpo y espíritu”. Lidce Vidal, también con su huerto, además de participar como evaluadora en el proceso de habilitación del sistema participativo de garantía, al que han aplicado casi todas las personas de Eco-Huerto, y del que ya han obtenido su certificado, indica en alusión al huerto “vemos el sacrificio y el cariño para producir algo en el huerto [pero a la vez es] un relajante de estar en el huerto”. Para Doña Mariela Aguilar, la motivación para empezar con su propio huerto era “que no sabemos con cuantos químicos nos venden los productos en el mercado”. Doña Casta Choque con su hija Celia cuentan: “El huerto une a varias generaciones, entre abuela, hija y nieta”. Para muchas de las personas de Eco-Huertos, los intercambios de experiencias y visitas mutuas con huerterxs de Sipe Sipe, Japo y Pasorapa han sido momentos cruciales para avanzar en su proceso de los huertos, reflexionando colectivamente acerca de sus aprendizajes y su relacionamiento socio-natural.

La pandemia corroboró los beneficios de los huertos. Los intercambios se constituyen en partes importantes de la crianza mutua y permiten dinámicas altamente motivadoras. Para Don Javier, es gracias a estos intercambios “que logramos hacer caminar a la semilla”.

Contagios positivos

La agrupación Eco-Huertos ha despertado el interés en su entorno. Jóvenes se acercaron para formar parte del grupo. El municipio de Santivañez ha incorporado el enfoque de huertos agroforestales familiares a su Plan Territorial de Desarrollo Integral, en la unidad educativa Luis Guzmán Araujo se ha empezado a tener un huerto, incorporándolo como herramienta de enseñanza. La Universidad Mayor de San Simón, inspirada por la feria agroecológica de Eco-Huertos, desde hace un año organiza cada segundo viernes al mes la Feria de comercio justo y alimentación saludable en su campus. Tanto en Catachilla como en el campus universitario se ofrece en las mencionadas ferias, además de productos frescos y sanos, comidas típicas, rescatando costumbres y valores de la cultura alimenticia. Se está recibiendo grupos de productorxs, de consumidorxs, de estudiantes y de investigadorxs con quienes se comparte las experiencias, entablando un tipo de trueque de conocimientos. De esta forma han nacido rutas de aprendizaje, un potencial muy valioso para diferentes formas de un posible ecoturismo.

La crianza mutua de Lidce y Javier, de Miguelina y Nélida, de Nelly y Mariela, María y Casta, Francisca, Celia, Hilarión, de Sofía, Brayan y Betty ha permitido una resiliencia socio-ambiental considerable, pero sobre todo ha permitido construir colectivamente conocimientos como bienes públicos de acceso libre.

Mensajes al Futuro

1

Crianza Mutua – ruta hacia el auto-empoderamiento y la transformación La moraleja de la experiencia: proyectos y planificación / planeamiento son meros intentos de proyectar las buenas intenciones hacia el futuro, con el gran riesgo de ignorar a las futuras realidades o peor: querer que la realidad se adapte… Pero rutas distintas son posibles.

2

El collage de derroteros de la experiencia: construir comunidad, recuperar y redefinir bienes comunes, contagiar al otro, ruta de aprendizaje desde la propia experiencia, actoría y protagonismo de la propia historia, soberanía productiva y alimentaria como acto político, relacionamiento socio-ambiental y trueque de saberes para el enriquecimiento mutuo.

3

El caminar conjunto, con desprendimiento, complicidad y reciprocidad, permite trazar rutas para la producción y reproducción de la cultura y la vida.
El texto fue elaborado, basado en conversaciones en Catachilla y Rancho Nuevo, por Jorge Krekeler (coordinador del Almanaque del Futuro – facilitador de Misereor por encargo de Agiamondo), acompañado por Ida Peñaranda y Juan Estrada, que asumieron la documentación audiovisual. Va un profundo agradecimiento, tanto al grupo de ECO – HUERTOS y su Feria Agroecológica, con Javier Soto Flores, Celia Cáceres Choque, Sofía Ferrufíno, Hilarión Jaldín, Lidce Vidal Hinojosa, Betty Loza Hinojosa, Nelly García Herbas y María Loza; como también a Tania Ricaldi y Roger Maldonado del Centro de Estudios Superiores Universitarios – CESU de la Universidad Mayor San Simón de Cochabamba – UMSS por la acogida y la apertura ante la curiosidad atrevida del Almanaque del Futuro.

Autores:

  • Jorge Krekeler | jorge.krekeler@posteo.de

Diseño:

  • Gabriela Avendaño
  • Ida Peñaranda

Fotografías:

  • UMSS-CESU
  • Ida Peñaranda
  • Juan Estrada
  • Jorge Krekeler

Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:

Edición:

abril 2023

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Jorge Krekeler
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