Las Jarillas, en otras partes más conocidas como Caña Brava es un carrizo que suele crecer en las orillas pantanosas de ríos. Tlacotal, nombre náhuatl para lugar donde crecen las jarillas, es una colonia en Iztacalco, una de las alcaldías en el sur este de la ciudad de México. El río Miramontes, en aquel entonces emblemático para Tlacotal, se convirtió en un canal entubado; pero las jarillas siguen en la huerta de la Casa de la Cultura que lleva el mismo nombre. Este centro cultural es un referente para la ciudad de México por ser manejado desde la comunidad territorial, cohesionando el tejido social y el sentido comunitario a escala de la localidad barrial, con un trabajo incansable desde la cultura y la identidad urbana. Se trata de un ícono para el desarrollo y la autodeterminación de una comunidad urbana, involucrando a la tercera generación, plasmando de forma tangible las reivindicaciones de las y los Tlacotalenses en su lucha por el derecho a la ciudad.
1968
El grupo en 1997, viviendo la coyuntura política social muy movida de México de estos años, decide organizar reuniones con diversos grupos sociales del territorio debido a la problemática de violencia dentro y fuera de la casa en Tlacotal. El diagnóstico que se realiza en la colonia, consultando a 900 mujeres, hombres y también jóvenes sobre sus aspiraciones en torno a su territorio; como conclusión principal se evidencia la demanda de la gente en cuanto a actividades culturales y particularmente poder contar con un lugar para la juventud en la colonia. Políticos por lo general no van por el camino de diagnósticos participativos ya que pareciera que creen saber lo que la gente quiere y necesita. Miguel González, una de las personas que forma parte desde sus inicios de este proceso, explica un poco el contexto, desde donde surgió esta demanda de fomentar la cultura: “La propuesta de nuestro trabajo y del centro Las Jarillas ha sido desde un principio entender y comprender la cultura como una forma de prevenir el delito a través de la cultura, el deporte y contribuir a mejorar la vida y la convivencia en la comunidad aquí en Tlacotal”.
Las Jarillas - casa de la cultura
De esta manera por ejemplo la factura mensual de luz bajó de seis mil a cien pesos (aprox. de 300 a 5 dólares): algo parecido sucede con el aprovechamiento del agua de lluvia, filtrado, almacenando y abasteciendo casi la totalidad del consumo que requieren el funcionamiento del centro y de la huerta. El espacio en Las Jarillas está muy bien aprovechado, siguiendo la idea de lograr sustentabilidad en lo social como en lo ambiental. Esta idea es transmitida a participantes de los diversos cursos y talleres ofertados, habiendo logrando réplicas con implementación de ecotecnias y de agricultura urbana en espacios comunes de conjuntos de viviendas particulares y en áreas de la zona. Estos proyectos piloto se realizaron con participación activa de vecinos, familias beneficiarias y apoyo de organizaciones e instituciones civiles, asi como de empresas.
Ante los niveles de alta contaminación por el tráfico vehicular en la zona se han generado también alternativas para reducir la contaminación por medio del transporte no contaminante y de vías para recorridos en bicicleta.
Para Las Jarillas, contar con una casa con espacios y con equipos, ha permitido crecer en cuanto a oferta, procesos y dinámicas. Ya para estos momentos, el colectivo promotor de la casa había entendido que los lazos de la comunidad hacia la casa de la cultura son de vital importancia; estos lazos se lograron mediante una comunicación abierta, permanente y de ida y vuelta. Para evitar caer en la decadencia, Las Jarillas hasta el día de hoy sigue existiendo también en la calle, donde nació; por lo menos una vez al mes la casa de cultura organiza una actividad en las calles de la colonia.
Policía No, Cultura Si
En el 2003, con el actual presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador como antiguo jefe de gobierno de la ciudad de México, fue lanzado un programa de seguridad con mucho presupuesto para equipar a la policía. La respuesta de Las Jarillas ante este programa era tan contundente como previsible: policía no – cultura sí. La gente poco confía en la policía y el colectivo de Las Jarillas siempre ha apostado por la cultura para prevenir el delito en vez de reprimir. Luego de varias reuniones y una postura firme por parte del colectivo se logró que la administración pública local acepte que el 80% de los recursos sea invertido en cultura y deporte. Se organiza un campeonato de futbol para niñas y niños de la colonia con participación de 36 equipos. Miguel González recuerda: “Mediante el torneo de futbol logramos acercarnos no solamente a las niñas y niños sino a través de ellos a sus padres; paulatinamente el vecindario, en vez de entregar a sus hijos en la puerta de Las Jarillas, se involucró en las actividades de la casa lo que permitió trabajar temas como la violencia intrafamiliar y muchos otros temas, cuyo abordaje por lo general resulta un tanto difícil”. Jóvenes de la localidad, con problemas de drogadicción fueron involucrados como árbitros durante el torneo.
Cabe mencionar que entre otros con el apoyo de Copevi y en trabajo conjunto con el Colectivo de Organizaciones Sociales y Civiles por la Democracia Participativa en Iztacalco (Coscidepi), del cual forma parte la casa de la cultura Las Jarillas y de la Escuela de Construcción de Ciudadanía de Iztacalco se motivó la participación de los vecinos en la construcción de la Carta Iztacalquense por el Derecho a la Ciudad, primera carta de México en la cual se consideraron las experiencias de Jarillas. Concluyó en 2012, habiendo logrado un proceso amplio de participación social que generó desde su espacio importantes líneas estratégicas para el desarrollo tanto de Iztacalco como de la ciudad. El libro títulado “Otra ciudad crece dentro de la ciudad” (Ciudad de México, Abril, 2015) sistematiza la experiencia y proceso de construcción de la Carta Iztacalquense. Contenidos de esta se encuentran incluidos en la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a Ciudad y en su nueva Constitución, aprobada en 2017. De esta manera se ha podido incidir en temas urbanos de suma importancia y que incumben a toda la ciudad.
¿Que lo hace distinto?
Quienes han conocido otras casas de la cultura en la ciudad, coinciden en su apreciación, diciendo que Las Jarillas es distinto. Maricela Reséndiz, profesora de taekwondo y Nora Leticia Romero, instructora en agricultura urbana han trabajado, enseñando en sus disciplinas en muchas entidades, entre ellas en casas de la cultura, administradas por el sector público. Ambas coinciden que la dinámica y la calidez en el funcionamiento del centro Las Jarillas, es incomparable con otras casas de la cultura. Dicen que a pesar de que nadie del grupo coordinador reciba sueldo o quizás justo por el voluntariado generalizado, lxs usuarixs perciben una muy buena atención; a pesar de la notoria escasez de recursos financieros, nunca falta algo en lo organizativo y en el aseo en Las Jarillas. Con frecuencia, los alumnos apoyan en la limpieza de sus ambientes en Las Jarillas. Para participar en cursos y talleres, las personas pagan un monto modesto. Los recursos económicos que se generan por concepto de pagos, cuando se trata de cursos o talleres, se distribuyen de la siguiente manera: 80 % para lxs talleristas y 20 % para las necesidades de mantenimiento de Jarillas. En las casas de la cultura bajo la tuición de la administración pública, todo es gratuito, sin aporte; pero aun así, explican las profesoras haber más asistencia, interés y permanencia en los cursos que oferta Las Jarillas.
Hay bastantes testimonios de personas que relatan que al principio traían a sus hijos a diferentes actividades lúdicas y culturales a la casa de la cultura. Pero luego experimentaron que como adultos se podían involucrar también con el centro. Padres que antes a duras penas dejaban sus menores para actividades en la casa de la cultura, hoy proponen a sus hijos pasar juntos un rato en la ludoteca de Las Jarillas.
No es poca cosa que Las Jarillas logre que jóvenes y no tan jóvenes dejen la pantalla de su tablet o celular para compartir con otros en la ludoteca u otras actividades culturales y comunitarias. Yolotl González, hija de una de las pioneras de Las Jarillas pertenece al grupo de la segunda generación; la tercera ésta yendo a las actividades lúdicas del centro; para ella no cabe duda. “Las Jarillas ha transformado el chip a muchas personas en la colonia”.
No se logra comprender la casa de la cultura Las Jarillas, sin comprender el proceso que ha llevado a plasmar el centro: es un proceso que parte desde la gente para la gente, es una construcción desde el territorio, es una manifestación comunitaria de arraigo, de defensa del territorio y de la identidad urbana fortalecida por el poder local de los ciudadanos y desde su visión con promoción de medidas concretas de aporte sustentable a la ciudad. Este proceso fue potenciado a partir del acompañamiento desde Copevi, también en la construcción de la carta de Iztacalco por el derecho a la ciudad, que fue un hito en el proceso de reivindicación política de Las Jarillas, enriquecido desde su capital más valioso: su vida comunitaria.
Por curiosidad entré
Joselín González da cursos de ballet en el centro. “Me entré por curiosidad para conocer la casa de la cultura. Desde la fachada de la casa se nota lo diferente”. Y complementa Antonio Cortes, profesor de HipHop: “Aquí la comunidad echó mano. Decidí enseñar aquí y me encanta trabajar en equipo, además de conocer las demás áreas de la casa como la bio-huerta. Pero confieso que al principio entré con mucha cautela ya que nos hemos acostumbrados a ambientes tóxicos. Pero aquí es distinto”. Las mujeres profesoras en Las Jarillas manifiestan: “Aquí nos sentimos libres en el desarrollo de nuestras actividades y no hay tanto machismo”. Hay muchas personas quienes, viviendo o no en Tlacotal, se acercaron por curiosidad; las y los hijos de las personas fundadoras del centro indican que crecieron en comunidad, donde la casa de la cultura empezó a formar parte de sus vidas. Muchos de ellos traen ahora a sus propios hijos a Las Jarillas.
Alex Murietta es un vecino de Tlacotal que conoce Las Jarillas desde sus principios. “Las cosas de cultura o de centros comunitarios, por lo general se dan bajo la conducción de la administración pública y donde ni te dejan utilizar el baño. Las Jarillas es un mito en Iztacalco por ser la gran excepción”.
Entre oportunidad y riesgos
Con cada nueva administración en la alcaldía surge el riesgo que las autoridades intenten debilitar la autonomía o de instrumentalizar a Las Jarillas, generando dependencia presupuestaria y reemplazar el principio de la horizontalidad (desde la comunidad para la comunidad) ya que en la política mexicana sigue por lo general mandando la verticalidad. La comunidad del territorio, en más de un caso, ha sido el escudo protector de la casa de la cultura. El consejo rector de Las Jarillas se caracteriza por su claridad en cuanto a sus principios y la defensa de los mismos; a la vez siempre hay una actitud dialógica y proactiva. En varias oportunidades y fiel a la postura de querer políticas públicas donde cabe la participación de la comunidad, se ha tenido una actitud muy colaborativa para con autoridades públicas, quienes mostraron interés de tomar en cuenta los principios de Las Jarillas para permear a otras casas de la cultura y centros comunitarios, existentes y nuevos. Para Las Jarillas, una de las lecciones aprendidas a lo largo del proceso es la importancia de lograr una comunicación fluida entre todxs. En este sentido hay una política de puertas abiertas.
Pero, por lo visto no bastan solo buenas intenciones de algunas autoridades y el problema no es la falta de presupuesto sino la incapacidad de compartir poder y gobernar desde y con la gente.
Mensajes al Futuro
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Autores:
- Marcelo Waschl
- Jorge Krekeler | jorge.krekeler@posteo.de
Diseño:
- Gabriela Avendaño
- Ida Peñaranda
Fotografías:
- Las Jarillas
- COPEVI
- Marcelo Waschl
- Jorge Krekeler
Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:
- Casa de Cultura Las Jarillas
- Copevi

