Pilar o Kinty pero no María
Pilar, mujer Kiwcha Otavaleña cuenta un poco su historia: “Vengo de una familia Kiwcha, dedicada a la agricultura. Mis antepasados fueron explotados en las haciendas y a toda mujer indígena se le ponía de forma obligatoria el nombre María. Cuando tuve 9 años, me negué que mi profesor me llame María ya que soy Pilar”. Cuando el profesor quería castigarla, ella le agarro el látigo. “Desde ese momento inicié un proceso de diferentes experiencias que me forjaron como lideresa. Sumando a ello las sabidurías de mis taitas y mamas. Mi abuelita me decía: ¡tienes que fajarte bien la cintura para abrir los caminos! Mi abuelito que falleció cuando tenía 7 años me dio el nombre de Kinty que quiere decir colibrí”. Pilar o Kinty cumple al pie de la letra el legado de su abuela, siendo guardiana por herencia ancestral, rescatando el liderazgo femenino, permacultura, cultura, lengua materna e indumentaria.
Transiciones pandémicas
Con apoyo de Rogelio Simbaña de la Red de Guardianes de Semillas como padrino, Muyu Chakana inició el primer curso de Permacultura Básica. Preguntando a Rogelio de como iniciar un banco de semillas, Rogelio se quedó un rato pensativo y luego contesto con una gran sonrisa: “No lo sé, pero ¿están seguros de que no va a ser nada fácil? Pilar explica, en sus palabras lo que Muyu Chakana busca con los talleres: “Estamos ayudando a varios mashis a que sus saberes sean un pilar fundamental para crear un centro permacultural ofreciendo talleres, siendo ellos los maestros que impartan sus conocimientos con los principios y éticas de la permacultura, donde sus conocimientos innatos se queden para las nuevas generaciones”. Al principio y antes de empezar con el curso, Pilar, junto con Rogelio hicieron un recorrdio por 16 comunidades rurales de Cotacachi, Otavalo e Ibarra; al final participaron 86 personas; de igual manera participaron jovenes de barrios urbanos de Ibarra. El curso de diseño en permacultura básica trata manejo y uso del suelo, agua, semillas, técnicas de cultivo, bosques comestibles, plántulas y tiene como objetivo el despertar conciencia por el respeto e intercambio de las semillas autóctonas nativas y criollas para el rescate y fortalecimiento del verdadero patrimonio alimentario. En total se graduaron 148 personas, entre mujeres y hombres, entre 8 y 64 años. 48 de estas personas decidieron continuar con un segundo curso, formándose como semilleristas, para el rescate, regeneración, conservacion del patrimonio alimentario.
Huertos urbanos de paz
En estos años, Paul Murtha se acercó a la pandilla Blood en el barrio de Alpachaca y se realizó un proyecto de prevención; de esta forma los jóvenes pandilleros empezaron a trabajar como promotores visitando colegios y trabajando con jóvenes, hablando de las desventajas de la vida de los pandilleros, entre droga, robos y violencia. De esta forma los expandilleros formaron el colectivo “Calle, Paz y Respeto”.
Christopher, de la finca familiar pasó a la universidad, terminando su carrera como agrónomo para, luego regresar a Alpachaca donde se reintegró al colectivo. Blood como pandilla no dejó de existir, pero si cambió su norte y logró una resignificación. Junto con su antiguo rival, la pandilla Latin King, agrupación con la que se había vivido durante años en una guerra territorial, asumieron un papel de guardianes de paz, ayudando a desescalar conflictos terrtoriales de otras pandillas juveniles. Blood, actualmente maneja el Centro Cultivarte, situado en el barrio Alpachaca; las instalaciones, administradas por Blood en comodato con el gobierno local, albergan una cancha de rugby orientado que los chicos tengan un deporte donde canalicen sus energías, peluquería donde se reinsertan laboralmente jóvenes expandilleros expresidiarios y una venta de comida rápida. “La pandilla ha cambiado su razón de ser, pero sigue siendo nuestra tribu y nos sentimos parte de este territorio”, explica Christopher.
Al inicio de la pandemia, Paul Murtha queria entregar canastas de alimentos en Alpachaca; Christopher logró convencerlo para apoyar más bien particularmente a jóvenes para crear huertas urbanas. Este proyecto de Urban Peace Garden despertó un gran interés en la gente joven. Christopher menciona el caso de varios jóvenes pandilleros, sumidos en la droga, alcohol, con cuadros de desintegración familiar en cuyos casos la huerta empezó a generar interacción familiar; chicos que cambiaron la violencia y el vicio por la huerta.
Interculturalidad a partir de la permacultura
Los cursos de Muyu Chakana generaron encuentros y convivencias más permanentes entre indígenas Karanquis, Otavalos, Kutacachis, mestizos y afros, grupos que no siempre se sienten a gusto, compartiendo. Tanto Pilar como Christopher trabajaron mucho para crear un ambiente intercultural. Christopher presentó a Pilar ante su gente como su “hermana”. De a poco surgio un ambiente de respeto donde cada quien no esconde su forma de ser, al contrario muestra su cultura e identidad. Mauricio, un participante urbano mestizo del curso, logró en las convivencias con sus presentaciones de rap, inspirada en la permacultura que hasta personas indígenas mayores entraron con su lenguaje corporal al ritmo de la música. De esta forma nació la red intercultural de permacultores
Semilleristas en acción
Mensajes al Futuro
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Autores:
- Jorge Krekeler / jorge.krekeler@posteo.de
Diseño:
- Gabriela Avendaño.
- Ida Peñaranda
Fotografías:
Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:
Muyu Chakana
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Red Guardianes de Semillas
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Edición: abril 2022




