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Actualización art 32. De pétalos y cambio de visión

Después de cinco años de nuevo de visita en la finca de Agustina y Alejandro en Mashpi: se sigue transformando cacao orgánico, conservación ambiental, justicia ecológica y economía colaborativa, consolidando su proceso hacia un modelo sostenible y motivador.
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Han pasado casi cinco años desde que el Almanaque del Futuro visitó la finca de Agustina y Alejandro en Mashpi, ubicado en el Chocó Andino de Ecuador. Como resultado de la primera visita compartimos la experiencia motivadora “Chocolate y algo más”, tratando temas del cultivo del cacao orgánico, de la conservación y recuperación del ecosistema, de justica ecológica y economía colaborativa. A continuación algunos aspectos, observados y hablados en esta nueva visita, que reflejan la dinámica y nuevos hitos en este proceso transformador.

Consulta y reserva de biósfera

Una de las novedades más significativas en el territorio que habitan Agustina y Alejandro, es la reciente confirmación, mediante consulta popular, de la voluntad de lxs ciudadanxs de Quito, de prohibir la explotación minera, en cualquier escala, dentro del Distrito Metropolitano, del cual forman parte también parroquias rurales, como Mashpi. El trabajo que viene tejiendo la Mancomunidad del Chocó Andino ha permitido una convivencia enriquecedora entre lo urbano y rural, estableciendo una suerte de paraguas de protección para este Bosque Modelo ante el apetito de la voracidad extractivista. En este contexto el trabajo de Mashpi Chocolate es sumamente importante, porque demuestra que otra economía, otra agricultura, en general, otra forma de relacionarse con el bosque es posible.

Cambio de visión

La biodiversidad de la zona es, en parte atribuible a la presencia humana. Un ejemplo de ello son los bosques amazónicos, que lejos de ser territorios “vírgenes”, más bien fueron sembrados para generar abundancia. Este también es el caso de los bosques del Chocó Andino que fueron manejados, nos cuenta Agustina, “por miles de miles de años por culturas como los yumbos”, cuyo rastro aparece constantemente a manera de vasijas “por todo lado donde cavas”. La diversidad, por tanto, no signaliza la falta de intervención humana, sino más bien la comprensión de nuestra mente al integrarnos dentro del ecosistema. “Al principio nos sentíamos súper ajenos- dice Agustina -ahora sabemos que somos parte”.

Agricultura sintrópica

En la finca de Agustina y Alejandro hay varias parcelas sintrópicas, ayudando a recuperar la agrobiodiversidad, regenerar el suelo y a la vez aumentando la producción de comida. Emulando los principios de sucesión y crecimiento de los bosques, la agricultura sintrópica propone aprovechar las asociaciones y los estratos que alcanzarán las especies para generar alta densidad y diversidad. Junto con otrxs vecinxs,en el territorio se vienen realizando mingas rotativas para apoyar y compartir conocimientos sobre huertas sintrópicas con diversos propósitos y, por ende, diseños . Aún con el paso de los años, como dice Agus: “los sistemas agroforestales siguen madurando así como nuestros conocimientos. Este también es el caso de Mashpi Shungo que lleva 15 años y que no cesa de renovarse, para ello la poda es fundamental”.

Con la poda de los árboles se logra aprovechar no solamente la biomasa producida sino también ventanas de luz solar desde los estratos más emergentes, permitiendo momentos disruptivos que permiten estimular el crecimiento vegetativo en los estratos inferiores y evitando de esta manera un estado de bosque en decadencia. Al respecto Agustina observa: “muchas veces los agrónomos dicen que este tipo de agricultura requiere mucha mano de obra, sino, no es viable. Pero yo digo, ese es un potencial: incluir al ser humano en los sistemas productivos, en la naturaleza”. Con emoción Agustina nos comparte anécdotas de experiencias sanadoras que han tenido ella y su equipo al trabajar con bosque. Y es que esta consciencia, como “una conexión bien profunda” con la naturaleza, invita a leer sus ciclos, a trabajar en función de las necesidades y los tiempos del ecosistema, en lugar de imponer la agenda, “como el sistema agrícola convencional, que planifica todo en cuanto al calendario de cuándo se va el barco a exportar”.

Del lío del etiquetado al Sistema Participativo de Garantía

Otro elemento que obliga el mercado es el registro sanitario, que cuesta carísimo y hay que actualizarlo cada año; por ello Agustina y Alejandro ya no se ajustan a sus condiciones, sino que tomaron la decisión de abandonar la línea de la certificación orgánica comercial. Sin embargo, la entidad pública correspondiente del Ecuador (Agencia de Control y Regulación Sanitaria – ARCSA), argumentando que los productos de Mashpi Chocolate, a pesar de contar con su respectivo certificado sanitario no pueden llevar en el etiquetado las característicos de agroecológico – orgánico, a falta de un certificado específico. Con la ayuda de personas miembro y amigas de la Red de Guardianes de Semillas (RGS), y dedicadas a la abogacía, se ha logrado la aceptación por parte de la agencia, basándose en la Constitución que reconoce explícitamente a la agroecología como derecho además de dominio del pueblo ecuatoriano. Por otra parte, el acercamiento de la RGS, frente a “lo orgánico” es mucho más profundo e integral que la ausencia de agrotóxicos. Por esto han desarrollado hace varios años un sistema participativo de garantía – SPG
Se trata de un mecanismo auto-organizado de la RGS que permite la certificación comunitaria agroecológica. Para visualizar los criterios se usa una flor de garantía, compuesta por ocho pétalos; cada pétalo por una categoría relevante desde el concepto de la regeneración, entre i) producción regenerativa, ii) insumos ecológicos, iii) basura cero, iv) mercados locales, v) producción artesanal familiar, vi) protección de salud y del ambiente, vii) equidad social y viii) economía colaborativa. Mashpi Chocolate logra actualmente 7 pétalos y medio ya que el empaque del chocolate (tercera categoría: basura cero) por el momento aún no logra evitar ciertos residuos no bio-degradables, circunstancia que ha provocado un arduo análisis sobre alternativas de la envoltura de la barra de chocolate. Cabe mencionar, otras diferencias relevantes entre certificadoras y el SPG, y este que en el segundo no se limita a calificar, determinando si se recibe el certificado o no, sino que más el SPG es un proceso de asesoría y fortalecimiento colectivo.

Cambio de rutina

Karina es madre soltera y trabaja desde hace diez años con Agustina y Alejo en la finca. Ella está acostumbrada ver a Alejo cuando participa en los labores de la casa. Esto la llevó a reclamar en su casa a que su padre haga su parte en las labores caseras. Ante la protesta que esto no es trabajo para hombres, Karina le explicó que si es necesario que cambie de actitud ya que Alejo, siendo hombre lo está haciendo también. Estos criterios de respeto hacia otrxs seres es una cultura que va contagiándose más allá de la finca. Recientemente Mashpi Shungo recibió visitas en el nuevo formato de finca abierta, donde se comparte con las personas interesadas cómo se ven los pétalos del SPG en la práctica. Fue todo un éxito.

Clientes conscientes

Alinear todos los procesos de producción, de relacionamiento con el bosque y equipo de trabajo hacia la coherencia es un mérito que nos motiva como sociedad y clientes a des-aprender. Partiendo de la decisión de Agustina y Alejo de no continuar con la farsa de la certificación orgánica comercial, debido al elevado costo de tres mil dólares americanos, así como también, por su dudosa veracidad, los clientes del Mashpi Chocolate Artesanal en el exterior, en Japón y EE.UU, no solamente comprendieron la decisión sino que siguen comprando el chocolate.

En vías de cooperativa y fortalecimiento local

Manuela, la hermana de Agustina es socia de Mashpi Chocolate y responsable del tema del marketing. Manuela, junto con Agus, Alejo y otras personas de Mashpi están empujando la idea de organizar una cooperativa entre quienes tengan finca o parcela agroforestal en la zona con el propósito de poder compartir mecanismos de comercialización. Actualmente el setenta por ciento del precio final de los productos se destina al transporte e intermediarios. “Por eso necesitamos fortalecer a más fincas, de tal manera que se logre obtener productos de calidad y que los ingresos permitan sostener un sistema de comercialización conjunto”, concluye Agustina. Esta visión, de sembrar bastante cúrcuma, jengibre, entre otras frutas que podrían ser procesadas, ya se refleja en su parcela y en las de sus vecinxs.

El texto fue elaborado, basado en conversaciones in situ por Jorge Krekeler (coordinador del Almanaque del Futuro – facilitador de Misereor por encargo de Agiamondo) en enero de 2024. Ha sido nuevamente una visita muy grata, con una recepción extraordinaria de parte de Gregorio con toda su familia. Muchas gracias! 

Autores:

Diseño:

  • Gabriela Avendaño
  • Ida Peñaranda

Fotografías:

  • Jorge Krekeler
  • Michelle Ruiz

Datos de contacto en cuanto a la experiencia documentada:

Edición:

junio 2024

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Autor:
Jorge Krekeler
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